
Leipzig respira música como pocas ciudades y en sus calles resuenan siglos de canto y devoción. Entre las solemnes paredes de la iglesia de Santo Tomás, Johann Sebastian Bach tejió armonías sagradas que aún parecen permanecer en el aire, como si la ciudad misma resonara con sus cantatas. Su presencia arraigó a Leipzig en una tradición de arte y fe, un cimiento sobre el cual se construirían las grandes voces del siglo XIX.
Felix Mendelssohn, atraído por esa resonancia perdurable, reavivó la llama de Bach y dio nueva vida a la ciudad mediante la fundación de su Conservatorio, un refugio para mentes musicales de todos los rincones de Europa. Allí, Edvard Grieg descubrió su voz, Robert Schumann encontró tanto consuelo como inspiración en el alma artística y vibrante de Leipzig y Gustav Mahler comenzó a componer sus primeras sinfonías. Bajo las batutas de directores como Mendelssohn y Furtwängler, la Orquesta de la Gewandhaus (la sinfónica civil más antigua del mundo) ha llevado la música de los grandes maestros a través de las generaciones y su sonido, siendo un puente entre el pasado y el presente.
1.30 h (c/i)