PARÍS

29 de mayo, 2026

PARÍS

Teatro Echegaray, 20:00 h.

Francis Poulenc (1899-1963)
‘Montparnasse’, No.1 de Deux mélodies de G. Apollinaire, FP 127, para voz y piano

‘Les chemins de l’amour’, FP 106, para voz y piano
Nils Georg Nilsen tenor
Natalia Kuchaeva piano
Gabriel Fauré (1845-1924)
‘Puisqu’ici bas toute âme’, No.1 de 2 Dúos, Op.10, para dúo de voz y piano
Giuseppe Verdi (1813-1901)
‘Parigi, o cara’, de la ópera La traviata, para dúo de voz y piano
Susanne Hvinden Hals soprano
Nils Georg Nilsen tenor
Natalia Kuchaeva piano
Gabriel Fauré (1845-1924)
Sonata para violín y piano No.1 en La mayor, Op.13
Anna Margrethe Nilsen violín
Josu de Solaun piano

Claude Debussy (1862-1918)
‘Apparition’, CD 57, L.53, para voz y piano
Erik Satie (1866-1925)
‘Je te veux’, para voz y piano
Susanne Hvinden Hals soprano
Natalia Kuchaeva piano
César Franck (1822-1890)
Quinteto con piano en Fa menor, Op.14
Jesús Reina violín
Robert Kowalski violín
Eleanor Kendra James viola
David Apellániz violonchelo
Josu de Solaun piano

Caminar por París es absorber la creatividad de la ciudad con todos los sentidos: el destello de la luz sobre el Sena, el murmullo de las conversaciones en sus cafés, la grandeza de Notre Dame o los teatros de ópera y las salas de conciertos. Su rica vida artística ha moldeado la evolución de muchos estilos y compositores influyentes.

Gabriel Fauré, quien estudió en el Conservatorio de París y con el tiempo se hizo profesor y director de dicha institución, empleó un lenguaje armónico exuberante y cromático que influyó profundamente en sus alumnos y ayudó a allanar el camino hacia el Impresionismo musical, un movimiento que, al igual que el arte de Monet y Renoir, buscaba capturar el color y la atmósfera más que la forma rígida. César Franck, figura central de la tradición romántica, aportó calidez y profundidad espiritual a la música parisina, mientras que Francis Poulenc, miembro de Les Six, la impregnó de modernidad, encanto y agudeza.

París también acogió el genio de maestros visitantes como Giuseppe Verdi, cuyas óperas encontraron un público entusiasta en los grandes teatros de la ciudad, y la brillantez excéntrica y original de Erik Satie. A través de sus prestigiosas instituciones, sus compositores y su espíritu de innovación, París se convirtió – y lo sigue siendo – en uno de los grandes centros mundiales de la música clásica: una sinfonía viva en la que la tradición y la imaginación se encuentran en una armonía atemporal.

1.30 h (c/i)

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